Muchas veces somos esclavos de lo que sentimos y de cómo lo sentimos, pero eso es una gran virtud; me explico, la virtud es que sentimos. Sentir es aquello que nos hace humanos, es la esencia misma de nuestra existencia. Nuestras emociones nos permiten conectar con otras personas, experimentar alegría y tristeza, y crecer a través de nuestras experiencias.
Hace poco leí en redes sociales una reflexión que me parece bastante profunda. Jorge Corrales en “X” (@Yosoycorra) plantea que la inteligencia artificial, tan de moda últimamente, contesta preguntas basándose en el conocimiento adquirido de una base de datos que un ser humano ha introducido. La máquina ofrece una respuesta «programada» o «aprendida», pero realmente no sabe lo que está contestando, no tiene conciencia de lo que está haciendo o diciendo.
De este modo, Corrales se pregunta si es ético que mediante esta máquina se pueda influir en un debate público sobre política o sobre cualquier otro tema profundo. Cuestiona la capacidad de la inteligencia artificial para dar respuestas, ya que, aunque puede proporcionar información precisa, carece de la comprensión y la conciencia que caracterizan a los seres humanos.
La capacidad de sentir y de ser conscientes de nuestras emociones es lo que nos permite establecer conexiones verdaderamente significativas. Las emociones, tanto positivas como negativas, nos ayudan a navegar por la vida y a entender nuestro lugar en el mundo. Sin ellas, nuestras interacciones serían superficiales y carentes de profundidad.
El debate sobre la ética en la inteligencia artificial es cada vez más relevante. A medida que las máquinas se integran en más aspectos de nuestras vidas, es crucial considerar las implicaciones de permitir que una entidad sin conciencia influya en decisiones importantes. La inteligencia artificial puede ser una herramienta poderosa, pero debe ser utilizada con responsabilidad y siempre bajo la supervisión humana.
La conciencia humana es lo que nos permite reflexionar sobre nuestras acciones y sus consecuencias. Es la brújula moral que guía nuestras decisiones. Las máquinas, por más avanzadas que sean, no poseen esta capacidad de introspección y, por lo tanto, no pueden sustituir el juicio humano en cuestiones éticas.
En conclusión, aunque a veces nos sintamos esclavos de nuestras emociones, estas son una virtud que nos define como seres humanos. La capacidad de sentir nos permite una conexión genuina con el mundo y nos dota de la conciencia necesaria para navegar por los desafíos de la vida. La inteligencia artificial, por otro lado, aunque útil, debe ser manejada con cuidado y siempre con la supervisión de la conciencia humana.
CONOCIENDO DETALLES DE MI NUEVA NOVELA "EL BARRENDERO"
Hoy voy a adelantar algunos de los personajes de mi nueva novela, ya queda menos para que llegue a las librerías...
Álvaro Resol (protagonista). Perdió a sus padres con diecisiete años y se quedó solo en la vida. Empezó a trabajar como barrendero y su vida ha transcurrido asumiendo su soledad. Es un hombre muy inteligente y, a veces, apasionado, que siempre da lo mejor de sí mismo a los demás. Intenta rehacer su vida con la jubilación, uniendo su vida a la que será la coprotagonista de la novela, Soledad.
Soledad (coprotagonista). Se convierte en la pareja inseparable de Álvaro. Es una mujer dura e independiente, que perdió a su marido en un accidente y, el mismo día, abortó al hijo que esperaban. En su vida, los hombres solo han solucionado sus necesidades temporales y nunca ha querido pasar de eso. Con Álvaro encuentra el cariño del que siempre había huido y se siente, por un lado, satisfecha y, por otro, amenazada.
Jerónimo es el dueño de un bar cercano a la casa de Álvaro. Aunque siempre se están haciendo rabiar, existe una fuerte amistad entre Álvaro y él. Su vida se limita prácticamente a vivir en su negocio. Tiene un hijo y una hija a quienes entiende menos cada día. Su carácter de cantinero lleva implícito el de cotilla. Además de para su negocio, solo tiene ojos para su mujer, Loli, que se ocupa de la cocina del bar. Siempre está dispuesto a echar una mano a su amigo Álvaro.
Loli es la mujer de Jerónimo. Se encarga de la cocina del bar y es una persona discreta y sensata. También tiene mucho aprecio a Álvaro. Es la más prudente de todos los personajes de la historia.
Ana y Javier son los padres de Álvaro. Los dos son personas apasionadas que han sufrido una guerra civil. Javier perdió a sus padres y Ana a su madre. El afán de Ana por tener un hijo llevará a la pareja a pasar por momentos difíciles.







