jueves, 23 de enero de 2025

LA DISTANCIA EN LA AMISTAD

Las amistades son uno de los pilares fundamentales en la vida de cualquier individuo. Representan vínculos que van más allá de la sangre y se basan en la elección mutua, el afecto y la confianza. Sin embargo, en la vida moderna, las distancias físicas y emocionales pueden convertir estas relaciones en desafíos complejos, a menudo dolorosos.

La distancia física, ya sea por mudanzas, cambios de trabajo o cualquier otra razón, puede poner a prueba la fortaleza de una amistad. Desde un punto de vista psicológico, la ausencia de interacciones cara a cara puede reducir el sentido de conexión entre amigos. Las conversaciones se vuelven menos frecuentes, y la comunicación se ve reducida a mensajes y llamadas que, aunque útiles, no reemplazan totalmente la presencia física. Nos alejamos de nuestros amigos, muchas veces, hasta que es tarde. Cuántas veces hemos dicho eso de: «de mañana no pasa sin llamar a fulanito o fulanita»Este aplazamiento puede ser una forma de evitación, y a largo plazo, este patrón puede erosionar la relación. El sentimiento de culpa y la percepción de que «ya es demasiado tarde» para retomar la comunicación, solo añaden más barreras.

Y es que el día a día nos supera, no somos capaces de marcar prioridades emocionales. En nuestro trabajo no nos queda mas remedio que aprender a distinguir lo urgente de lo que no lo es, lo importante de lo que no lo es, pero cuando llegamos a nuestra vida personal, lo que nos supera muchas veces es la pereza de llamar a esa persona que durante un periodo de tu vida fue inseparable, alguien importante en nuestras vidas, y así vamos posponiendo una charla agradable con personas que apreciamos.

La vida nos da muchas oportunidades de redimir nuestra alma y sentir el cariño de los que nos aprecian, del mismo modo que nosotros podemos hacer que nuestros amigos sientan nuestra amistad y cercanía. No es obligatorio, no es fundamental, la vida sigue y quizás en este momento no sabemos nada de estas personas que apreciamos y lo dejamos pasar. Otras veces empleamos la mala excusa de decir que ellos no dan tampoco ese paso. Pero a veces nos enteramos que esa persona que en algún momento fue tan especial para nosotros ya no la volveremos a ver, entonces nos damos cuenta de que teníamos muchas cosas que contarle, teníamos muchas cosas que preguntarle y habíamos estado casi, casi a punto de llamarles, pero no.

La distancia en la amistad no es un obstáculo insalvable, solo es un minuto de una llamada, o mejor aún de una video llamada, antes escribíamos cartas que tardaban días en llegar, ahora es inmediato, buscar su nombre y pulsar sobre una camarita, y por arte de magia esa persona aparece en la pantalla de tu teléfono, puedes ver su expresión, su sonrisa, o su tristeza, su melancolía, puedes ver como te extraña, como siente no poder estar a tu lado. Son cinco minutos donde puedes recordar las cosas que os unían y lo felices que sois aunque estéis lejos.

La amistad no es un estado pasivo, sino una elección continua. Mantener una amistad requiere esfuerzo, compromiso y, a menudo, sacrificios. La distancia, aunque parezca mentira, puede ser vista como una oportunidad para fortalecer estos lazos a través de la demostración de un interés genuino y constante en el bienestar del otro. A través de este esfuerzo, la distancia puede, paradójicamente, acercar más a las personas.

El filósofo francés Henri Bergson destacó que el tiempo no es solo una medida cronológica, sino también una cualidad vivida. En este sentido, el tiempo invertido en una amistad, aunque sea a la distancia, se convierte en una textura rica de vivencias compartidas. La calidad de las interacciones, más que la cantidad, es lo que determina la profundidad de una relación.


Sí has llegado hasta aquí leyendo y tienes un gran amigo al que hace tiempo que no llamas, no busques una excusa, coge tu teléfono y llámale, seguro que después te sentirás mejor.

Hoy voy a hablar de la novela de un amigo, ya os adelanto que no soy del todo imparcial. Cuando conoces la mano que mueve la pluma tienes más información de la que aparece en lo que escribe. sabes su carácter, su calidad humana y el esfuerzo que supone cada obra que pone a la venta y desde luego José Antonio de la Iglesia emplea mucho tiempo, mucho tesón y mucho cariño en todo lo que hace. En cuanto a su obra «Dos cartas para un Carlista» es una novela que se adentra en los complejos temas de la historia y la identidad nacional de España a través de una narrativa cuidadosamente construida. La obra destaca por su capacidad para entrelazar la vida personal de los personajes con los grandes eventos históricos, creando así una historia rica y envolvente.

La narrativa se centra en un periodo turbulento de la historia de España y utiliza dos cartas como hilo conductor. Estas cartas no solo sirven como testimonio histórico, sino que también humanizan los conflictos, mostrando cómo los grandes eventos afectan la vida de las personas comunes.

José Antonio de la Iglesia se destaca por su meticulosa investigación y su habilidad para describir tanto los aspectos históricos como los personales. Su prosa es elegante y precisa, lo que permite al lector sumergirse en la época y comprender los sentimientos y motivaciones de los personajes. La novela no solo informa, sino que también provoca una reflexión profunda sobre la identidad y la memoria histórica.

Uno de los puntos fuertes de la novela es su capacidad para generar empatía y comprensión hacia los personajes, que, aunque situados en un contexto histórico específico, lidian con problemas y dilemas universales. Esto la hace relevante no solo para quienes estén interesados en la historia de España, sino para cualquier lector que busque una historia humana bien contada.

En resumen, “Dos cartas para un carlista” es una obra que brilla por su combinación de precisión histórica y profundidad emocional. Es una lectura imprescindible para aquellos interesados en la historia y la literatura que aborda cuestiones de identidad y memoria colectiva.

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domingo, 19 de enero de 2025

LA FE

Cuando nos esforzamos por alcanzar una meta digna, estamos ejerciendo la fe, porque demostramos nuestra esperanza en algo que aún no podemos ver. La fe se podría definir como el convencimiento o creencia de una persona en relación con algo o alguien, tangible o intangible, que está por encima de la necesidad de poseer evidencias que demuestren la verdad de aquello en lo que se cree. Etimológicamente hablando, la palabra proviene del latín fides, que significa «lealtad», «fidelidad».

La fe demuestra confianza, el convencimiento de que algo va a suceder o alguien va a realizar una acción en la que se espera.

Todas las religiones requieren de la fe; sin ella no podrían sustentar sus creencias. El conjunto de sus creencias y sus dogmas son los que se denominan como su fe. Es, pues, bajo la fe que los creyentes aceptan como verdad absoluta los principios difundidos por la religión que profesan: la creencia en un ser supremo y el sometimiento a su voluntad divina.

Asimismo, como fe se denomina la credibilidad que se ha otorgado a algo o alguien debido a la autoridad, fama o reputación de quien lo afirma: «Los obreros tienen fe en que las negociaciones llegarán a buen término y se producirá un aumento salarial adecuado».

También podemos hablar de dar fe. Cuando un notario o un organismo oficial confirman y firman la existencia o la veracidad de un documento o de la existencia de algo o alguien, se habla de dar fe. Hay una persona física que afirma la existencia o no de algo, con mayor autoridad que cualquier líder religioso.

Y según mi criterio, ¿cuál es el motivo de la falta de fe? Yo pienso que, además del materialismo que nos invade, la principal razón es la falta de líderes confiables, personas fieles a sus principios que no cambien de opinión según les interese a ellos. Personas capaces de asumir sus errores y de seguir adelante con sus convicciones, aunque esto suponga la pérdida de poder o de seguidores.

Solo utilizamos la fe en metas materiales; la fe en un trabajo mejor, en una nueva pareja...

Cada vez creemos en menos cosas, y desde luego, todos somos muy de Santo Tomás: «Si no lo veo, no lo creo», cada vez necesitamos que nuestras creencias sean más tangibles, necesitamos ver o tocar lo que creemos. Ha desaparecido, o quizás nos han robado la esperanza, la ilusión y desde luego «LA FE» en todo aquello que no vemos o sentimos. Pero la fe es fundamental en nuestras vidas, no podemos vivir sin fe. A través de ella establecemos nuestras relaciones con las demás personas, depositamos nuestra confianza en ellas y esperamos que los demás correspondan a este sentimiento. Damos fe de lo que nos cuentan otras personas sin hacer una comprobación exhaustiva; cuando alguien nos dice su edad o su nombre, no le pedimos el DNI para comprobarlo. 
La fe es lo que nos permite confiar en otras personas e incluso en uno mismo; nos permite confiar en que van a obrar bien. Este sentimiento nos permite confiar en sus actitudes y esperar que su relación con nosotros sea una relación humana y satisfactoria. La religión cura muchas almas, siempre que la religión busque el bienestar de las personas. pero muchas personas han perdido la fe y eso las deja sin esperanza.

Ahora vamos con el último libro que ha pasado por mis manazas: "La librera detective" de Sue Minix es una deliciosa mezcla de misterio y comedia que cautiva al lector desde la primera página. La historia sigue a Millie Radcliffe, una librera que se ve envuelta en la resolución de un asesinato en su pequeña comunidad.

Minix ha creado un personaje entrañable en Millie, quien, con su ingenio y astucia, se convierte en una detective amateur muy convincente. La autora logra equilibrar perfectamente el tono ligero con el suspense característico de una novela de misterio. Los personajes secundarios son igualmente memorables y aportan profundidad a la trama, mientras que el ritmo de la novela es ágil y mantiene al lector enganchado.

Uno de los puntos fuertes de "La librera detective" es su ambientación. Minix describe con detalle la encantadora librería y el pintoresco pueblo, lo que crea una atmósfera acogedora y familiar. Sin embargo, a pesar de este ambiente cálido, la trama está llena de giros inesperados que mantienen al lector en vilo.

En términos de desarrollo de la trama, Minix muestra una gran habilidad para tejer pistas y falsas pistas, lo que hace que la resolución del misterio sea tanto satisfactoria como sorprendente. La prosa es clara y entretenida, lo que facilita una lectura amena y envolvente.

En resumen, "La librera detective" es una novela de misterio refrescante y divertida que combina perfectamente el encanto de una pequeña comunidad con el suspense de un buen asesinato por resolver. Sue Minix ha creado una historia que no solo entretiene, sino que también deja al lector con una sonrisa en el rostro y ansioso por más aventuras de Millie Radcliffe. Una lectura altamente recomendada para los amantes del género de misterio con un toque de humor.

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domingo, 12 de enero de 2025

CLARO QUE SÍ... «CAMPEÓN»

Si hay una expresión que me molesta hasta el límite de lo racional, es cuando alguien que no me conoce de nada, entabla conversación dirigiéndose a mí con una expresión que incluya el termino «CAMPEÓN». Últimamente hay cierta costumbre, por la que alguien se dirige a los demás con este tipo de expresiones. Como al entrar en una cafetería y el camarero se dirige a ti diciendo «Qué quieres campeón». Ese es el momento en el que antes intentaba demostrar mi educación ignorando el apelativo, pero ahora, muchas veces opto por darme la vuelta y salir por donde he entrado.


Estoy seguro de que no lo hace con mala intención y que, con su expresión, quizás quiera demostrarme su confianza. Yo no necesito un "Ave María" ni un saludo formal de antaño. Apreciaría mucho más un equidistante "Buenos días, ¿qué le apetece tomar?", a secas, sin florituras, sin necesidad de que la conversación se extienda más allá de lo necesario. Si yo quiero confesarle al camarero un secreto inconfesable, ya daré yo el primer paso.

Otra cosa que me trae de cabeza, es como poco a poco la lengua española sufre a diario una tortura digna de un interrogatorio de unos agentes malvados. No me refiero a la evolución que sufre cualquier lengua, me refiero a la dejadez de llamar a las cosas por su nombre utilizando definiciones que no son; me refiero a los «malditos» anglicismos y a intentar parecer más educado o más erudito cayendo en el chabacano empleo de palabras mal usadas; a ese intento de parecer más interesante por usar una palabra que la gente conoce poco, pero que lamentablemente el que la usa, tampoco conoce.

En la novela que tengo pendiente de publicar, hay una conversación de uno de los protagonistas con su hija en la que dice:

—El otro día mi hija me dijo que no hablaba con una persona random, porque luego se hypea y si no la convence, después se desilusiona too much. Le di veinte euros y se fue. No sé a dónde iba ni con quién, pero no me atreví a preguntarle.

Y es que no somos conscientes de una de nuestras grandes herencias: un idioma que hablan casi seiscientos millones de personas en el mundo, ya sea como lengua nativa, segunda o extranjera. Es la lengua materna de casi quinientos millones de personas en el año 2023 (el 6,2% de la población mundial). Es la cuarta lengua más hablada en el mundo, por detrás del inglés, chino e hindi. Hay quién a pronosticado que en el año 2050, el castellano será la lengua más hablada en los Estados Unidos.

Buscamos palabras inglesas para sustituir a verdaderas maravillas de nuestro lenguaje, como por ejemplo las «fake news», palabra de difícil pronunciación en detrimento de la maravillosa palabra española «paparrucha» o simplemente «bulo», y así podríamos rellenar varias páginas.

En las redes «asociales» la ausencia de acentos y signos de puntuación hace imposible saber el verdadero significado de una frase; el uso de la «k» en lugar de la «c»; el empleo de «haber» en lugar de «a ver». No quiero entrar en las haches, las bes y las uves, porque me deprimo. El lenguaje sufre la falta de tiempo, el recorte de caracteres para expresar nuestras ideas en mensajes cortos que al final no se entienden o se mal interpretan.


En fin, si estás leyendo este «blog» (vaya, se podría llamar de otra manera) intenta salvar nuestra lengua y busca las palabras que nos definen como uno de los idiomas más hablados del mundo. Y por favor, si alguna vez nos encontramos, no me llames campeón, yo no soy de los que ganan.

Hoy os voy a hablar del último libro que he leído, se trata de «Me piden que regrese» de Andrés Trapiello. Es una novela que destaca por su profunda exploración de la memoria y el paso del tiempo. Trapiello, conocido por su estilo literario lírico y reflexivo, nos sumerge en la vida de su protagonista, un hombre que se enfrenta a su pasado y las decisiones que lo han llevado a su presente.

La narrativa se desarrolla de manera introspectiva, con un lenguaje poético que invita al lector a detenerse y reflexionar sobre cada frase. El autor logra capturar la complejidad de los sentimientos humanos, especialmente aquellos relacionados con la nostalgia y el arrepentimiento.

Una de las mayores fortalezas de la novela es su capacidad para crear una atmósfera envolvente. Trapiello utiliza descripciones detalladas y ricas en imágenes para trasladar al lector a los lugares y momentos que han marcado la vida del protagonista. Este enfoque no solo permite una conexión emocional más profunda con el personaje principal, sino que también enriquece la experiencia de lectura.

Sin embargo, este estilo tan detallado puede ser un arma de doble filo. Para algunos lectores, la abundancia de reflexiones y descripciones puede resultar lenta o incluso tediosa en ciertos momentos. No obstante, para aquellos que disfrutan de una prosa cuidada y una trama que se desarrolla con paciencia, «Me piden que regrese» ofrece una experiencia literaria gratificante y enriquecedora.

En resumen, Andrés Trapiello nos brinda una obra que, más allá de contar una historia, nos invita a una profunda meditación sobre el tiempo, la memoria y los caminos que elegimos en la vida. Es una lectura recomendada para quienes aprecian la literatura que combina una narrativa lírica con una reflexión filosófica.

domingo, 5 de enero de 2025

UN AMIGO ES UN TESORO... O NO.

La palabra amigo muchas veces se emplea un poco a la ligera, sobre todo desde que a través de las redes sociales nos hemos acostumbrado a solicitar la amistad, y la amistad no se solicita, la amistad se gana con dedicación y esfuerzo. En primer lugar me gustaría establecer qué es para mí la amistad, creo que lo básico en cualquier tema es establecer la definición de lo que uno quiere hablar. He leído muchas definiciones, como las que os pongo a continuación:

RAE: Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato.

Psicología: La amistad mutua puede interpretarse como una simbiosis psicológica. Tal relación puede considerarse una sociedad cooperativa entre dos individuos. La ayuda mutua en todos los órdenes constituye una característica definida de estos grupos duales.
El grado de equilibrio que la amistad mutua sugiere no es el producto de igualdad en la cooperación. Lo que el individuo "A" da al individuo "B" no es igual a lo que "B" ofrece a "A". Además, un individuo no busca en la amistad lo que ya tiene sino aquello de que carece. Lo último conduce a lo que podría llamarse complententación simbiótica. (LA PSICOLOGIA DE LA AMISTAD. EFRAIN SANCHEZ HIDALGO. Profesor Asociado de Educación Universidad de Puerto Rico).

Filosofía: La amistad en cuestión es definida como una «virtud fundamental que se expresa en la benevolencia recíproca consciente entre dos seres humanos», y que posee un genuino «carácter moral» solo cuando se cumplen otras condiciones como «amor recíproco», «respeto», «apertura» y «confianza incondicionada» (Schischkoff, 1991)

Aristóteles distinguía tres tipos de amistad:

Amistad por utilidad:
Según Aristóteles, esta relación se da especialmente en los viejos. Es una amistad imperfecta, con valor instrumental, lo que busca esta amistad es tener una compensación material. Espera que por medio de esta amistad conseguir una recompensa. Muchas veces esta amistad causa más daño que satisfacción, porque si no encuentra lo que busca, desaparece.

Amistad por placer:
La amistad por placer se da con más frecuencia entre los jóvenes y puede ser corta, ya que no siempre son las mismas personas las que ofrecen placer. Este tipo de amistad implica en muchos casos una relación sexual.

Amistad por virtud o perfecta:
La amistad virtuosa es duradera y sólida, porque está fundada en la confianza. Es concebida como un hábito deliberadamente elegido y, además, según Aristóteles la amistad «es el hábito de querer amistosamente a quien se debe, como se debe y cuando se debe». También considera que la buena amistad es recíproca, y es preciso que los amigos tengan condiciones iguales o parecidas para dar y recibir bienes de toda índole. Expone que debe existir cierta igualdad en virtudes. Además de virtuoso, el amigo debe agradar, debe tener afinidad de gustos y un gran conocimiento de la otra persona. Parece que para reunir este catálogo de características será difícil tener muchos amigos.

Ahora, después de ver cómo se define en distintos ámbitos, yo me quedo con mi propia definición: «relación de confianza entre dos personas, que aportan complicidad, respeto y cariño por igual, estableciendo un vínculo que perdura en el tiempo y cuya lealtad está por encima de los cambios que producen otras relaciones posteriores.»

Y es que la amistad tiene muchas caras, pero la única amistad que merece la pena es la que le permite a la persona descargar emocionalmente sus problemas sin miedo a que estos salgan del ámbito de esa relación. La amistad significa compartir: cuando compartes, la alegría se multiplica y cuando compartes las penas, se dividen. La amistad es una de las mejores relaciones que puedes encontrar, siempre que sea verdadera.

La amistad no se exige ni se traspasa y, cuando es verdadera, no se esconden los defectos ni se vanagloria uno de sus virtudes sobre la otra persona. Por el contrario, se complementa y ayuda a superar sus necesidades en todos los ámbitos.

Por otro lado, alguien que se dice tu amigo y no lo es puede ser la peor relación del mundo. Alguien en quien depositas tu confianza y tus intimidades y que, sin ningún motivo, traiciona este vínculo será la razón por la que se destruya tu confianza. Posiblemente, este hecho se convierta en la razón que frustrará muchas futuras relaciones sanas que, de no haber sucedido, habrían enriquecido la personalidad de quien lo sufre.

Y ahora vamos a hablar de libros, y hoy voy a hablar un poco de mí. Parece que fue ayer cuando publiqué mi primer libro: «En los zapatos del que anda», y ya ha pasado un poco más de un año. Ahora estoy buscando una editorial tradicional para publicar mi siguiente novela. La anterior experiencia fue una auto-publicación y, aunque fue agradable por el cariño de todos los que lo han leído, ahora quiero explorar el camino de las editoriales tradicionales. Espero poder hacerlo pronto y que llegue a todas las personas que me han preguntado si había una segunda historia. En principio se llamará «El barrendero». Estoy seguro de que pronto lo conseguiré y espero mejorar las expectativas de los que habéis leído la primera novela. También, decir que además estoy terminando la tercera novela con otra historia apasionante.



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