Cuando nos esforzamos por alcanzar una meta digna, estamos ejerciendo la fe, porque demostramos nuestra esperanza en algo que aún no podemos ver. La fe se podría definir como el convencimiento o creencia de una persona en relación con algo o alguien, tangible o intangible, que está por encima de la necesidad de poseer evidencias que demuestren la verdad de aquello en lo que se cree. Etimológicamente hablando, la palabra proviene del latín fides, que significa «lealtad», «fidelidad».
La fe demuestra confianza, el convencimiento de que algo va a suceder o alguien va a realizar una acción en la que se espera.
Todas las religiones requieren de la fe; sin ella no podrían sustentar sus creencias. El conjunto de sus creencias y sus dogmas son los que se denominan como su fe. Es, pues, bajo la fe que los creyentes aceptan como verdad absoluta los principios difundidos por la religión que profesan: la creencia en un ser supremo y el sometimiento a su voluntad divina.
Asimismo, como fe se denomina la credibilidad que se ha otorgado a algo o alguien debido a la autoridad, fama o reputación de quien lo afirma: «Los obreros tienen fe en que las negociaciones llegarán a buen término y se producirá un aumento salarial adecuado».
También podemos hablar de dar fe. Cuando un notario o un organismo oficial confirman y firman la existencia o la veracidad de un documento o de la existencia de algo o alguien, se habla de dar fe. Hay una persona física que afirma la existencia o no de algo, con mayor autoridad que cualquier líder religioso.
Y según mi criterio, ¿cuál es el motivo de la falta de fe? Yo pienso que, además del materialismo que nos invade, la principal razón es la falta de líderes confiables, personas fieles a sus principios que no cambien de opinión según les interese a ellos. Personas capaces de asumir sus errores y de seguir adelante con sus convicciones, aunque esto suponga la pérdida de poder o de seguidores.
Solo utilizamos la fe en metas materiales; la fe en un trabajo mejor, en una nueva pareja...
Cada vez creemos en menos cosas, y desde luego, todos somos muy de Santo Tomás: «Si no lo veo, no lo creo», cada vez necesitamos que nuestras creencias sean más tangibles, necesitamos ver o tocar lo que creemos. Ha desaparecido, o quizás nos han robado la esperanza, la ilusión y desde luego «LA FE» en todo aquello que no vemos o sentimos. Pero la fe es fundamental en nuestras vidas, no podemos vivir sin fe. A través de ella establecemos nuestras relaciones con las demás personas, depositamos nuestra confianza en ellas y esperamos que los demás correspondan a este sentimiento. Damos fe de lo que nos cuentan otras personas sin hacer una comprobación exhaustiva; cuando alguien nos dice su edad o su nombre, no le pedimos el DNI para comprobarlo.
La fe es lo que nos permite confiar en otras personas e incluso en uno mismo; nos permite confiar en que van a obrar bien. Este sentimiento nos permite confiar en sus actitudes y esperar que su relación con nosotros sea una relación humana y satisfactoria. La religión cura muchas almas, siempre que la religión busque el bienestar de las personas. pero muchas personas han perdido la fe y eso las deja sin esperanza.
Ahora vamos con el último libro que ha pasado por mis manazas: "La librera detective" de Sue Minix es una deliciosa mezcla de misterio y comedia que cautiva al lector desde la primera página. La historia sigue a Millie Radcliffe, una librera que se ve envuelta en la resolución de un asesinato en su pequeña comunidad.
Minix ha creado un personaje entrañable en Millie, quien, con su ingenio y astucia, se convierte en una detective amateur muy convincente. La autora logra equilibrar perfectamente el tono ligero con el suspense característico de una novela de misterio. Los personajes secundarios son igualmente memorables y aportan profundidad a la trama, mientras que el ritmo de la novela es ágil y mantiene al lector enganchado.
Uno de los puntos fuertes de "La librera detective" es su ambientación. Minix describe con detalle la encantadora librería y el pintoresco pueblo, lo que crea una atmósfera acogedora y familiar. Sin embargo, a pesar de este ambiente cálido, la trama está llena de giros inesperados que mantienen al lector en vilo.
En términos de desarrollo de la trama, Minix muestra una gran habilidad para tejer pistas y falsas pistas, lo que hace que la resolución del misterio sea tanto satisfactoria como sorprendente. La prosa es clara y entretenida, lo que facilita una lectura amena y envolvente.
En resumen, "La librera detective" es una novela de misterio refrescante y divertida que combina perfectamente el encanto de una pequeña comunidad con el suspense de un buen asesinato por resolver. Sue Minix ha creado una historia que no solo entretiene, sino que también deja al lector con una sonrisa en el rostro y ansioso por más aventuras de Millie Radcliffe. Una lectura altamente recomendada para los amantes del género de misterio con un toque de humor.
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