miércoles, 28 de agosto de 2024

UN PUNTITO DE LOCURA

    ¿Quién es el verdadero loco? esa pregunta me la llevo haciendo desde los dieciocho años, y a fecha de hoy todavía no he conseguido encontrar una respuesta que me deje completamente satisfecho.

    Si atendemos a su definición, la respuesta sería «Privación del juicio, o del uso de la razón». Sí aceptamos esta definición, tendríamos que aceptar que para todos fuese el mismo juicio y la misma razón, pero no somos capaces de ponernos de acuerdo en cosas tan cotidianas, cuya observación es relativa, como que es alto o bajo, como para ponerse de a cuerdo con lo que es tener juicio, o que es el uso de la razón. En la historia ha habido grandes locos que han aportado avances científicos que han revolucionado algunos aspectos de nuestra vida, y eso solo se consigue mirando las cosas desde un  punto de vista que antes no se había utilizado.




    Cuando nos hacemos la misma pregunta una y otra vez, siempre obtenemos la misma respuesta una y otra vez. Para que la respuesta cambie, entre otras cosas, lo primero que tenemos que cambiar es la pregunta, no sé, quizás si yo me pregunto todos los días si me gustan los caminos de tierra o de asfalto, todos los días me respondo que prefiero los de tierra. Pero nunca me he preguntado si me gusta andar, tal vez cuando me haga esa pregunta, descubra que lo que realmente no me gusta es andar. Esa es una pregunta sin mucha transcendencia, pero la vida está llena de preguntas sin respuesta, o con respuestas que no nos gustan y por eso no nos atrevemos a hacerlas, o quizás al que se las hace le llamamos "loco".

Quiero que me dejen hacer mis locuras, las mías no hacen daño a nadie, mi mujer las llama extravagancias, no llega a considerarlas locuras, quizás porque ella también está un poco loca; dice que por mí, eso si que es locura, que no tiene remedio...

Salir de vuestro área de confort y de vez en cuando daros el gusto de hacer esas cosas que la prudencia no nos da permiso, esas cosas que son legales, pero cuando las hacemos miramos hacia los lados para comprobar que nadie nos mira. Esas pequeñas cosas nos devuelven a la vida y nos hacen mantener nuestra mente alegre y despierta durante una temporada. Esas cosas son muy diferentes para cada uno, pero las reconoceréis porque, después de hacerlas, cuando las recuerdas, te asoma una sonrisa tonta en la cara.




Bueno hoy voy a hablar de un libro sobre una inspectora del CNP que destinan a resolver un caso complicado en la provincia de León. Una serie de crímenes que desconciertan a los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado y se monta un gran operativo, en el que participa CNP y GC. mezcla magistralmente los problemas personales de la inspectora y su entorno y lleva al lector a verse dentro de los misteriosos crímenes, que no parecen tener forma de resolverse.

El final seguro sorprende a todo el mundo, nadie es capaz de imaginar el magistral final que el autor "José Antonio de la Iglesia" nos reserva después de la apasionante historia. Un libro más para pasar un buen rato.

Leed, leed malditos, que el conocimiento está en los libros.



miércoles, 21 de agosto de 2024

NOSTALGIA

 No sé que opinaréis vosotros, pero aunque la nostalgia es un sentimiento entrañable, todo lo que la envuelve puede ser algo negativo para mí. A menudo nos trae recuerdos de todo tipo de lo que hemos pasado, cosas que ya nadie cambiará, ni borrará. Vivir anclado en esos recuerdos es casi tan malo como vivir esperando a que llegue el siguiente suceso de nuestra vida; La siguiente cena con amigos, el siguiente viaje, a que los hijos se hagan mayores, a que se vayan de casa, a que vuelvan alguna vez que estoy muy solo...


¿Qué enciende nuestra nostalgia? Normalmente sucede cuando una situación que vivimos, o una película que vemos, o cualquier otro tipo de suceso nos trae a la memoria un hecho vivido, un hecho que ahora recordamos con cariño, aunque quizás, en el momento que lo vivimos no fue tan placentero. Tendemos a idealizar nuestro pasado y a ponerle ese disfraz de «todo lo que hacíamos antes era especial», puede que nuestra insatisfacción por la vida que vivimos nos hace idealizar la que pasamos, aunque si lo analizásemos con justicia, puede que sea muy diferente.

Aquí os dejo un interesante artículo de como funciona la nostalgia y por qué somos propensos a ella.

https://www.nationalgeographic.es/ciencia/2023/07/como-funciona-la-nostalgia-y-por-que-somos-propensos-a-ella

También nos obsesionamos con vivir esperando el siguiente hecho que hemos planeado, siempre estamos esperando a que suceda algo y ponemos toda nuestra mejor ilusión en que ese hecho concreto, va a superar nuestro actual estado de satisfacción. Siempre esperamos poner las cinco malditas estrellas de satisfacción a lo que va a suceder, sin caer en la cuenta de lo felices que somos en determinados momentos de la vida. Esos momentos que sencillamente nos da la cercanía de nuestra pareja o de nuestros hijos, que aunque no estamos haciendo nada especial, podemos disfrutar de la lectura de una buena novela, o de un paseo tranquilo charlando de cosas sin importancia con alguien a quién aprecias. Esos momentos que no hace falta poner cara de idiota o sacar morritos mirando a una cámara, para que después tus conocidos o desconocidos seguidores te den un «me gusta» en las redes asociales. Cada vez intento aprovechar más el presente, porque es el lugar donde habito, no me gusta vivir del pasado, porque el pasado puede ser muy cruel y recordarte cosas que te gustan, pero otras que te pueden atormentar. Y el futuro no es tuyo, el futuro llegará y será como quiera ser él, no como tú quieras que sea. Esta es mi filosofía actual, seguro que mañana lo recordaré con nostalgia.


Ahora voy a hablaros de un libro que habla de muchos libros y que me parece una obra de arte. Este libro ha llegado a tocarme el corazón y me ha hecho vivir momentos de felicidad sin necesidad de echar mano de la nostalgia.


Hay una frase en este libro, sacada del poeta francés Jacques Prévert que me ha gustado de una forma bestial, es la siguiente: «Reconocemos la felicidad por el ruido que hace al marcharse».

Este libro habla de una profesora de literatura que deja su profesión para abrir una librería en un pequeño pueblo francés, nos cuenta su relación con diversos clientes que entran en su librería y la relación que llega  a tener con ellos a través de los libros que les vende. Habla de las vidas que hay detrás de las personas y de las maravillas que puede hacer el libro adecuado en la persona que lo necesita.

Leed, leed malditos, que el conocimiento está en los libros.

lunes, 12 de agosto de 2024

LOS SENTIMIENTOS

Hay sentimientos que marcan una vida, y hay sentimientos que hacen vivir una vida. Una vez mi mujer me preguntó cuales eran para mí los sentimientos buenos y cuales los malos, evidentemente yo sabía que la pregunta tenía trampa, le dijese el sentimiento que le dijese, ella le daría la vuelta y sería el inicio de una interesante conversación.

Siempre podemos posicionarnos a favor o en contra de algo, pero normalmente tomamos partido según la persona que nos lo proponga. Por si suena a política, tranquilos aquí en este Blog no voy a hablar de política, por dos sencillas razones, porque no entiendo de política ni de políticos y porque me parece que sería la última profesión que elegiría en mi vida. Lo que si me parece interesante, son las relaciones humanas y cómo según nos sentimos atraídos o rechazados por una persona, seguimos el mismo criterio de atracción o rechazo con sus gustos o con sus consejos, sean los que sean, aunque dos minutos antes hayamos estado diciendo todo lo contrario.

Para hablar de sentimientos, os voy a poner un fragmento de mi novela «En los zapatos del que anda», creo que en esta conversación entre sus protagonistas se muestra un poco de como pienso yo. Es una conversación cuando se está saliendo de aquella pandemia que hubo hace unos años y que ya todos hemos olvidado.




En una de estas conversaciones que teníamos cada vez más a menudo, gracias a Dios, Felicidad me habló de lo que ella consideraba el motor del mundo.

—¿Alguna vez, Amadeo, te has parado a pensar, que hay sentimientos en las personas que son los que hacen que el mundo sea bueno o sea malo? Y además, en algunos casos, son los mismos sentimientos. —estábamos bebiendo una cerveza (sin alcohol) en el jardín.

—Yo creo que para que el mundo sea bueno, tiene que haber buenos sentimientos, y unos buenos sentimientos no pueden ser el origen de nada malo.

—¿El amor es bueno?

—Sí.

—Pero hay quién mata por amor.

—Joder, Felicidad, eso para mí ya no es amor.

—El amor genera pasión y la pasión puede encender la llama del cariño, las caricias, el respeto, la devoción, pero cuando un amor es despechado, a veces también se convierte en ira, venganza, odio, violencia, celos, desprecio.

—Sí, reconozco que se puede pasar de un sentimiento que debería ser lo mejor de cada persona, a ser un sentimiento por el que se cometen actos que generan otros sentimientos como la vergüenza, el odio y el asco. De hecho, cuando alguien comete un crimen, «por amor», normalmente luego se intentan quitar la vida. Es algo que no me entra en la cabeza, muy loco se tiene que volver uno para trasformar tu amor en odio y venganza.

—Ya, pero no me refiero solo al amor, que es quizás el más complejo, porque puede ser fuente de bondad o de maldad. Hay otros sentimientos que hacen del mundo una maravilla o un verdadero desastre. En el primer caso está la curiosidad, que hace que una persona busque un remedio a un problema, observando a los demás. —la interrumpí.

—La curiosidad de la vecina no diría yo que nos vaya a erradicar el hambre del mundo…

—Eso no es curiosidad y lo sabes, si te estoy aburriendo lo dices y hablamos de otra cosa.

—Perdona, quería saber si todavía conservas esa preciosa sonrisa de la que me enamoré hace más de cuarenta años. Pero me lo tomo en serio, perdona. Además, la curiosidad no lo considero un sentimiento, al menos eso pienso yo.

—Pero hay otros sentimientos que, aunque son un mecanismo de protección de nuestro cerebro, termina por hacernos cometer verdaderas barbaridades, como por ejemplo el miedo.

—Yo creo que hay dos miedos.

—¿Sí? ¿Cuales?

—El miedo racional, o con un fundamento de algo peligroso, y el miedo irracional a algo que no conocemos y no nos interesa conocer. Cuantas veces se ha prejuzgado a alguien por pertenecer a un colectivo «X» sin darle la oportunidad de demostrar que es una buena persona.

—Al final me vas a dar la razón en lo primero que te he dicho.

—Yo a usted le daré la razón siempre, aunque no la tenga.

Me eché a reír, pero Felicidad frunció el ceño. Cuando hace eso me acojona y se me cortó la risa de golpe.

—Bueno, solo cuando la tienes cariño.

—Si, hay sentimientos que pueden ser buenos y malos a la vez, aunque hay otros que, aunque los intentemos disfrazar, nunca serán unos sentimientos buenos.

—A ver, dime uno, por ejemplo.

—La envidia. No hay cosa que me parezca más hipócrita, que alguien cuando te dice eso de «qué envidia me das, pero envidia sana, de la buena». Vete a tomar por culo, envidia sana, en el fondo cuando te dicen eso se les están retorciendo las tripas y si pudiesen quitarte lo que provoca su envidia o que te saliese mal, se alegrarían como unas hienas.

—Sí, la verdad es que ese sentimiento nunca puede ser un buen sentimiento, si no te alegras de las cosas buenas que les pasa a las personas que aprecias, mejor es que te calles, porque realmente no hay una envidia buena y otra mala. Yo también estoy pensando en otro sentimiento que sea todo lo contrario a lo que estamos hablando, quizás sea un mal sentimiento, pero cuando lo sufres es porque queda algo de humanidad en ti, me refiero a la culpa.

—Cuidado, la culpa es muy peligrosa, la culpa en sí puede atormentar al que la sufre, porque es consciente que ha obrado mal, o simplemente no ha hecho lo que debía hacer, pero no todo el mundo siente la culpa, los psicópatas no conocen ese sentimiento.

—No hace falta ser psicópata, todos intentamos apartarla de nuestras cabezas y además es un sentimiento lanzable, me explico, si puedes cargar a otro tu culpa o responsabilidad, la mayoría de las personas no lo duda. A veces no públicamente, sin hacerlo o decirlo, solo en tú interior, simplemente para no aguantar esa pesada carga sobre tus hombros.

—Además, ése es un sentimiento tan poderoso, que termina por convertirse en otros sentimientos que pueden cambiar una relación, o la vida de los que la sufren. Puede convertirse en odio a los demás o peor aún, a uno mismo, hasta tal punto de ser incapaz de mirarte a los ojos frente al espejo. Puede convertirte en una persona mezquina y envidiosa de la gente que simplemente es feliz, cuando la culpa contagia a alguien ya no encuentra la paz en su ser.

—Entonces, ¿Cuál es para ti el peor sentimiento? Y ¿Cuál es el mejor? Yo lo tengo fácil en el mejor sentimiento, lo pronuncio a diario varias veces, para mí el mejor es la felicidad, ¿verdad, Felicidad?

—Qué tonto que eres, aunque en eso estoy de acuerdo contigo, la felicidad es un sentimiento que rara vez enturbia nada o se transforma en otro sentimiento. Es un sentimiento efímero y escaso, o al menos a mí no me ha acompañado en largos periodos de mi vida. Pero me gustaría poder disfrutar de ese sentimiento con más continuidad.

—Vamos, que no eres feliz conmigo, voy a sentirme «culpable» de que no seas feliz. —Felicidad me miró y me regaló una sonrisa tímida.

—No es por ti, no es necesario que te sientas culpable, es la vida, a veces me siento como un muñeco vapuleado en brazos del destino.

—La verdad es que siempre estamos pensando en lo bonito que será todo cuando nos jubilemos, y cuando llega ese día, nos damos cuenta de que hemos desperdiciado mucho de nuestro maravilloso y escaso tiempo en posponer cosas para este momento. La vida hay que vivirla por días o mejor por horas, hay que aprender a perdonar y a perdonarte, a quitar dramatismo del día a día haciendo montañas de pequeños granos de arena, dejando pasar las oportunidades de amar, de sentir, de acariciar, de respetar.

—Simplemente la felicidad es la kyawthuita de los sentimientos.

—¿La tita… qué?

—La kyawthuita, es el mineral más raro y escaso del mundo, lo he leído en el móvil.

—¿Qué buscas en tu móvil para que te salgan esas cosas?, me estás empezando a preocupar.

—Busco la felicidad. —nos reímos los dos.

—Pues buscas en el lugar equivocado.

Hay quien se pasa la vida entera buscando la felicidad, y muchos no la encuentran porque la buscan en el lugar equivocado. La felicidad no es un reportaje fotográfico en que sales riendo en diez fotos del Facebook, la felicidad no puedes esperar a que nadie te la regale, la felicidad se consigue desde la sinceridad hacia ti mismo. No puedes parecerte a nadie, tienes que descubrir qué es lo que realmente quieres ser, y con quién quieres estar y con esto debes tener cuidado, porque para conseguir tu felicidad nunca debes hacer a nadie infeliz. La felicidad no se encuentra en un estante y ni se compra cuarto y mitad, y a veces para ser feliz tienes que renunciar a lo que te ata a tu presente o a tu pasado.


Leed, leed malditos, que el conocimiento está en los libros.

miércoles, 7 de agosto de 2024

UNA VIDA POR DELANTE

Confieso que he dejado de leer para aprender, aunque sigo acumulando conocimiento. A mi edad ya me da un poco igual aprender o no, pero me encanta viajar con un buen libro, al que solo pido que cuando acaricio sus páginas me convierta en alguien distinto a lo que soy a diario; un viejoven cascarrabias.

Todavía recuerdo cuando tenía toda la vida por delante y pensaba que sería inmortal, que el tiempo es algo que se puede derrochar y malgastar en cualquier estupidez que se te pueda ocurrir. Añoro esa forma de pensar y no recomiendo a ningún joven que prescinda de ella, porque eso te da las mayores alegrías que recibes en la vida. Sí, hay que pensar en el futuro y crear la base de lo que va a mantenerte durante tu corta vida, pero eso no debe ser una obsesión.

Yo a los jóvenes les recomiendo que primero sean capaces de identificar lo que realmente les gusta, sea lo que sea, y que busquen la forma de vivir de ello. En nuestra España querida, la mayor satisfacción para un padre es que su hijo sea funcionario, porque así tendrá la vida solucionada. En cambio en el resto del mundo se enseña a los jóvenes a emprender, a vivir de sus sueños, a crea su modo de vida, a montar su propia empresa y eso es muy duro, pero casi siempre es también muy apasionante.

Para que una idea se convierta en un gran negocio tienen que unirse dos circunstancias esenciales: Pasión y Talento. El ser apasionado te hace aprender e insistir en tu idea, te hace perseguir la perfección, que no trascurra el tiempo cuando trabajas, que siempre tengas esa sonrisa tonta que muestra la calidad de tu trabajo. Por otro lado, si a la pasión la acompaña el talento, la alquimia es perfecta y su resultado crea vidas de novela y vivir en un verdadero sueño como decía Calderón de la Barca.

Hoy os voy a hablar del libro que me ha hecho corto un espacio de tiempo, un libro de Arturo Pérez Reverte «EL PROBLEMA FINAL». Se trata de una novela en la que sucede un primer crimen disfrazado de suicidio, todo sucede en un hotel de una isla incomunicada por el mal tiempo. Se sucederán más crímenes y para resolverlos recurrirán a un actor en decadencia alojado en el hotel. Es un actor que ha interpretado casi todas las películas de Sherlock Holmes. No os voy a dar más pistas, solo decir que, es de esas novelas que cuando llega la hora de cenar y mi mujer me dice que la acompañe a la cocina, le digo eso de —dos páginas más y lo dejo—, pero a la media hora no he sido capaz de despegar la vista del libro.


Leed, leed malditos, que el conocimiento está en los libros...

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