lunes, 12 de agosto de 2024

LOS SENTIMIENTOS

Hay sentimientos que marcan una vida, y hay sentimientos que hacen vivir una vida. Una vez mi mujer me preguntó cuales eran para mí los sentimientos buenos y cuales los malos, evidentemente yo sabía que la pregunta tenía trampa, le dijese el sentimiento que le dijese, ella le daría la vuelta y sería el inicio de una interesante conversación.

Siempre podemos posicionarnos a favor o en contra de algo, pero normalmente tomamos partido según la persona que nos lo proponga. Por si suena a política, tranquilos aquí en este Blog no voy a hablar de política, por dos sencillas razones, porque no entiendo de política ni de políticos y porque me parece que sería la última profesión que elegiría en mi vida. Lo que si me parece interesante, son las relaciones humanas y cómo según nos sentimos atraídos o rechazados por una persona, seguimos el mismo criterio de atracción o rechazo con sus gustos o con sus consejos, sean los que sean, aunque dos minutos antes hayamos estado diciendo todo lo contrario.

Para hablar de sentimientos, os voy a poner un fragmento de mi novela «En los zapatos del que anda», creo que en esta conversación entre sus protagonistas se muestra un poco de como pienso yo. Es una conversación cuando se está saliendo de aquella pandemia que hubo hace unos años y que ya todos hemos olvidado.




En una de estas conversaciones que teníamos cada vez más a menudo, gracias a Dios, Felicidad me habló de lo que ella consideraba el motor del mundo.

—¿Alguna vez, Amadeo, te has parado a pensar, que hay sentimientos en las personas que son los que hacen que el mundo sea bueno o sea malo? Y además, en algunos casos, son los mismos sentimientos. —estábamos bebiendo una cerveza (sin alcohol) en el jardín.

—Yo creo que para que el mundo sea bueno, tiene que haber buenos sentimientos, y unos buenos sentimientos no pueden ser el origen de nada malo.

—¿El amor es bueno?

—Sí.

—Pero hay quién mata por amor.

—Joder, Felicidad, eso para mí ya no es amor.

—El amor genera pasión y la pasión puede encender la llama del cariño, las caricias, el respeto, la devoción, pero cuando un amor es despechado, a veces también se convierte en ira, venganza, odio, violencia, celos, desprecio.

—Sí, reconozco que se puede pasar de un sentimiento que debería ser lo mejor de cada persona, a ser un sentimiento por el que se cometen actos que generan otros sentimientos como la vergüenza, el odio y el asco. De hecho, cuando alguien comete un crimen, «por amor», normalmente luego se intentan quitar la vida. Es algo que no me entra en la cabeza, muy loco se tiene que volver uno para trasformar tu amor en odio y venganza.

—Ya, pero no me refiero solo al amor, que es quizás el más complejo, porque puede ser fuente de bondad o de maldad. Hay otros sentimientos que hacen del mundo una maravilla o un verdadero desastre. En el primer caso está la curiosidad, que hace que una persona busque un remedio a un problema, observando a los demás. —la interrumpí.

—La curiosidad de la vecina no diría yo que nos vaya a erradicar el hambre del mundo…

—Eso no es curiosidad y lo sabes, si te estoy aburriendo lo dices y hablamos de otra cosa.

—Perdona, quería saber si todavía conservas esa preciosa sonrisa de la que me enamoré hace más de cuarenta años. Pero me lo tomo en serio, perdona. Además, la curiosidad no lo considero un sentimiento, al menos eso pienso yo.

—Pero hay otros sentimientos que, aunque son un mecanismo de protección de nuestro cerebro, termina por hacernos cometer verdaderas barbaridades, como por ejemplo el miedo.

—Yo creo que hay dos miedos.

—¿Sí? ¿Cuales?

—El miedo racional, o con un fundamento de algo peligroso, y el miedo irracional a algo que no conocemos y no nos interesa conocer. Cuantas veces se ha prejuzgado a alguien por pertenecer a un colectivo «X» sin darle la oportunidad de demostrar que es una buena persona.

—Al final me vas a dar la razón en lo primero que te he dicho.

—Yo a usted le daré la razón siempre, aunque no la tenga.

Me eché a reír, pero Felicidad frunció el ceño. Cuando hace eso me acojona y se me cortó la risa de golpe.

—Bueno, solo cuando la tienes cariño.

—Si, hay sentimientos que pueden ser buenos y malos a la vez, aunque hay otros que, aunque los intentemos disfrazar, nunca serán unos sentimientos buenos.

—A ver, dime uno, por ejemplo.

—La envidia. No hay cosa que me parezca más hipócrita, que alguien cuando te dice eso de «qué envidia me das, pero envidia sana, de la buena». Vete a tomar por culo, envidia sana, en el fondo cuando te dicen eso se les están retorciendo las tripas y si pudiesen quitarte lo que provoca su envidia o que te saliese mal, se alegrarían como unas hienas.

—Sí, la verdad es que ese sentimiento nunca puede ser un buen sentimiento, si no te alegras de las cosas buenas que les pasa a las personas que aprecias, mejor es que te calles, porque realmente no hay una envidia buena y otra mala. Yo también estoy pensando en otro sentimiento que sea todo lo contrario a lo que estamos hablando, quizás sea un mal sentimiento, pero cuando lo sufres es porque queda algo de humanidad en ti, me refiero a la culpa.

—Cuidado, la culpa es muy peligrosa, la culpa en sí puede atormentar al que la sufre, porque es consciente que ha obrado mal, o simplemente no ha hecho lo que debía hacer, pero no todo el mundo siente la culpa, los psicópatas no conocen ese sentimiento.

—No hace falta ser psicópata, todos intentamos apartarla de nuestras cabezas y además es un sentimiento lanzable, me explico, si puedes cargar a otro tu culpa o responsabilidad, la mayoría de las personas no lo duda. A veces no públicamente, sin hacerlo o decirlo, solo en tú interior, simplemente para no aguantar esa pesada carga sobre tus hombros.

—Además, ése es un sentimiento tan poderoso, que termina por convertirse en otros sentimientos que pueden cambiar una relación, o la vida de los que la sufren. Puede convertirse en odio a los demás o peor aún, a uno mismo, hasta tal punto de ser incapaz de mirarte a los ojos frente al espejo. Puede convertirte en una persona mezquina y envidiosa de la gente que simplemente es feliz, cuando la culpa contagia a alguien ya no encuentra la paz en su ser.

—Entonces, ¿Cuál es para ti el peor sentimiento? Y ¿Cuál es el mejor? Yo lo tengo fácil en el mejor sentimiento, lo pronuncio a diario varias veces, para mí el mejor es la felicidad, ¿verdad, Felicidad?

—Qué tonto que eres, aunque en eso estoy de acuerdo contigo, la felicidad es un sentimiento que rara vez enturbia nada o se transforma en otro sentimiento. Es un sentimiento efímero y escaso, o al menos a mí no me ha acompañado en largos periodos de mi vida. Pero me gustaría poder disfrutar de ese sentimiento con más continuidad.

—Vamos, que no eres feliz conmigo, voy a sentirme «culpable» de que no seas feliz. —Felicidad me miró y me regaló una sonrisa tímida.

—No es por ti, no es necesario que te sientas culpable, es la vida, a veces me siento como un muñeco vapuleado en brazos del destino.

—La verdad es que siempre estamos pensando en lo bonito que será todo cuando nos jubilemos, y cuando llega ese día, nos damos cuenta de que hemos desperdiciado mucho de nuestro maravilloso y escaso tiempo en posponer cosas para este momento. La vida hay que vivirla por días o mejor por horas, hay que aprender a perdonar y a perdonarte, a quitar dramatismo del día a día haciendo montañas de pequeños granos de arena, dejando pasar las oportunidades de amar, de sentir, de acariciar, de respetar.

—Simplemente la felicidad es la kyawthuita de los sentimientos.

—¿La tita… qué?

—La kyawthuita, es el mineral más raro y escaso del mundo, lo he leído en el móvil.

—¿Qué buscas en tu móvil para que te salgan esas cosas?, me estás empezando a preocupar.

—Busco la felicidad. —nos reímos los dos.

—Pues buscas en el lugar equivocado.

Hay quien se pasa la vida entera buscando la felicidad, y muchos no la encuentran porque la buscan en el lugar equivocado. La felicidad no es un reportaje fotográfico en que sales riendo en diez fotos del Facebook, la felicidad no puedes esperar a que nadie te la regale, la felicidad se consigue desde la sinceridad hacia ti mismo. No puedes parecerte a nadie, tienes que descubrir qué es lo que realmente quieres ser, y con quién quieres estar y con esto debes tener cuidado, porque para conseguir tu felicidad nunca debes hacer a nadie infeliz. La felicidad no se encuentra en un estante y ni se compra cuarto y mitad, y a veces para ser feliz tienes que renunciar a lo que te ata a tu presente o a tu pasado.


Leed, leed malditos, que el conocimiento está en los libros.

1 comentario:

La perfección es aburrida: El derecho a escribir mal pero con sangre

Vivimos en la era de la síntesis perfecta. Hoy, cualquier persona puede sentarse frente a una pantalla, teclear tres instrucciones y obtener...

ÚLTIMAS ENTRADAS