En una de estas conversaciones que teníamos
cada vez más a menudo, gracias a Dios, Felicidad me habló de lo que ella
consideraba el motor del mundo.
—¿Alguna vez, Amadeo, te has parado a pensar, que hay sentimientos en las personas que son los que hacen que el mundo sea bueno o sea malo? Y además, en algunos casos, son los mismos sentimientos. —estábamos bebiendo una cerveza (sin alcohol) en el jardín.
—Yo creo que para que
el mundo sea bueno, tiene que haber buenos sentimientos, y unos buenos
sentimientos no pueden ser el origen de nada malo.
—¿El amor es bueno?
—Sí.
—Pero hay quién mata
por amor.
—Joder, Felicidad, eso
para mí ya no es amor.
—El amor genera pasión
y la pasión puede encender la llama del cariño, las caricias, el respeto, la
devoción, pero cuando un amor es despechado, a veces también se convierte en
ira, venganza, odio, violencia, celos, desprecio.
—Sí, reconozco que se
puede pasar de un sentimiento que debería ser lo mejor de cada persona, a ser un
sentimiento por el que se cometen actos que generan otros sentimientos como la
vergüenza, el odio y el asco. De hecho, cuando alguien comete un crimen, «por
amor», normalmente luego se intentan quitar la vida. Es algo que no me entra en
la cabeza, muy loco se tiene que volver uno para trasformar tu amor en odio y
venganza.
—Ya, pero no me refiero solo al amor, que es quizás el más complejo, porque puede ser fuente de bondad o de maldad. Hay otros sentimientos que hacen del mundo una maravilla o un verdadero desastre. En el primer caso está la curiosidad, que hace que una persona busque un remedio a un problema, observando a los demás. —la interrumpí.
—La curiosidad de la vecina
no diría yo que nos vaya a erradicar el hambre del mundo…
—Eso no es curiosidad
y lo sabes, si te estoy aburriendo lo dices y hablamos de otra cosa.
—Perdona, quería saber
si todavía conservas esa preciosa sonrisa de la que me enamoré hace más de
cuarenta años. Pero me lo tomo en serio, perdona. Además, la curiosidad no lo
considero un sentimiento, al menos eso pienso yo.
—Pero hay otros
sentimientos que, aunque son un mecanismo de protección de nuestro cerebro,
termina por hacernos cometer verdaderas barbaridades, como por ejemplo el
miedo.
—Yo creo que hay dos
miedos.
—¿Sí? ¿Cuales?
—El miedo racional, o
con un fundamento de algo peligroso, y el miedo irracional a algo que no
conocemos y no nos interesa conocer. Cuantas veces se ha prejuzgado a alguien
por pertenecer a un colectivo «X» sin darle la oportunidad de demostrar que es
una buena persona.
—Al final me vas a dar
la razón en lo primero que te he dicho.
—Yo a usted le daré la
razón siempre, aunque no la tenga.
Me eché a reír, pero
Felicidad frunció el ceño. Cuando hace eso me acojona y se me cortó la risa de
golpe.
—Bueno, solo cuando la
tienes cariño.
—Si, hay sentimientos
que pueden ser buenos y malos a la vez, aunque hay otros que, aunque los
intentemos disfrazar, nunca serán unos sentimientos buenos.
—A ver, dime uno, por
ejemplo.
—La envidia. No hay
cosa que me parezca más hipócrita, que alguien cuando te dice eso de «qué envidia
me das, pero envidia sana, de la buena». Vete a tomar por culo, envidia sana,
en el fondo cuando te dicen eso se les están retorciendo las tripas y si
pudiesen quitarte lo que provoca su envidia o que te saliese mal, se alegrarían
como unas hienas.
—Sí, la verdad es que
ese sentimiento nunca puede ser un buen sentimiento, si no te alegras de las
cosas buenas que les pasa a las personas que aprecias, mejor es que te calles,
porque realmente no hay una envidia buena y otra mala. Yo también estoy
pensando en otro sentimiento que sea todo lo contrario a lo que estamos
hablando, quizás sea un mal sentimiento, pero cuando lo sufres es porque queda
algo de humanidad en ti, me refiero a la culpa.
—Cuidado, la culpa es
muy peligrosa, la culpa en sí puede atormentar al que la sufre, porque es
consciente que ha obrado mal, o simplemente no ha hecho lo que debía hacer,
pero no todo el mundo siente la culpa, los psicópatas no conocen ese
sentimiento.
—No hace falta ser
psicópata, todos intentamos apartarla de nuestras cabezas y además es un
sentimiento lanzable, me explico, si puedes cargar a otro tu culpa o
responsabilidad, la mayoría de las personas no lo duda. A veces no
públicamente, sin hacerlo o decirlo, solo en tú interior, simplemente para no
aguantar esa pesada carga sobre tus hombros.
—Además, ése es un sentimiento
tan poderoso, que termina por convertirse en otros sentimientos que pueden
cambiar una relación, o la vida de los que la sufren. Puede convertirse en odio
a los demás o peor aún, a uno mismo, hasta tal punto de ser incapaz de mirarte a
los ojos frente al espejo. Puede convertirte en una persona mezquina y
envidiosa de la gente que simplemente es feliz, cuando la culpa contagia a
alguien ya no encuentra la paz en su ser.
—Entonces, ¿Cuál es
para ti el peor sentimiento? Y ¿Cuál es el mejor? Yo lo tengo fácil en el mejor
sentimiento, lo pronuncio a diario varias veces, para mí el mejor es la
felicidad, ¿verdad, Felicidad?
—Qué tonto que eres,
aunque en eso estoy de acuerdo contigo, la felicidad es un sentimiento que rara
vez enturbia nada o se transforma en otro sentimiento. Es un sentimiento
efímero y escaso, o al menos a mí no me ha acompañado en largos periodos de mi
vida. Pero me gustaría poder disfrutar de ese sentimiento con más continuidad.
—Vamos, que no eres feliz conmigo, voy a sentirme «culpable» de que no seas feliz. —Felicidad me miró y me regaló una sonrisa tímida.
—No es por ti, no es
necesario que te sientas culpable, es la vida, a veces me siento como un muñeco
vapuleado en brazos del destino.
—La verdad es que
siempre estamos pensando en lo bonito que será todo cuando nos jubilemos, y
cuando llega ese día, nos damos cuenta de que hemos desperdiciado mucho de
nuestro maravilloso y escaso tiempo en posponer cosas para este momento. La
vida hay que vivirla por días o mejor por horas, hay que aprender a perdonar y
a perdonarte, a quitar dramatismo del día a día haciendo montañas de pequeños
granos de arena, dejando pasar las oportunidades de amar, de sentir, de
acariciar, de respetar.
—Simplemente la
felicidad es la kyawthuita de los sentimientos.
—¿La tita… qué?
—La kyawthuita, es el
mineral más raro y escaso del mundo, lo he leído en el móvil.
—¿Qué buscas en tu móvil
para que te salgan esas cosas?, me estás empezando a preocupar.
—Busco la felicidad. —nos reímos los dos.
—Pues buscas en el lugar equivocado.
Hay quien se pasa la vida entera buscando la felicidad, y muchos no la encuentran porque la buscan en el lugar equivocado. La felicidad no es un reportaje fotográfico en que sales riendo en diez fotos del Facebook, la felicidad no puedes esperar a que nadie te la regale, la felicidad se consigue desde la sinceridad hacia ti mismo. No puedes parecerte a nadie, tienes que descubrir qué es lo que realmente quieres ser, y con quién quieres estar y con esto debes tener cuidado, porque para conseguir tu felicidad nunca debes hacer a nadie infeliz. La felicidad no se encuentra en un estante y ni se compra cuarto y mitad, y a veces para ser feliz tienes que renunciar a lo que te ata a tu presente o a tu pasado.
Leed, leed malditos, que el conocimiento está en los libros.

Magnifico Guillermo. Un abrazo. Juan.
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