A veces, cuando descubrimos a ciertas personas que no dan la talla para el puesto que desempeñan, alguien muy benevolente nos dice eso de: «Hombre, quizás no sea muy bueno en su puesto, pero es muy buena persona» y con eso ya vale, ya podemos estar tranquilos, que su trabajo no sabe hacerlo, pero como es buena persona, pues todo solucionado.
Tú te esfuerzas, estudias, trabajas, aguantas horas de trabajo extra y con un poco de suerte consigues por lo que llevas luchando mucho tiempo. Lo malo de todo esto, no es que esa persona desempeñe un trabajo o un puesto determinado que no se merece. El problema es que cuando has luchado tú por conseguirlo y llegas hasta ese punto, de manera inconsciente empiezas a hacer comparaciones y esos pensamientos no te llevan a ninguna parte. Nadie te ha regalado nada y no entiendes como esa persona ha llegado hasta ahí.
Te das cuenta de que el mundo no es justo, que el trabajo y la dedicación, a veces no tiene su recompensa y que hay personas que consiguen llegar a lugares que no les corresponde y tu no entiendes cómo lo han conseguido. Pero esa es la trampa, tú no tienes que preocuparte de como llegan los demás a sus metas, ni si alguien cuestiona como has llegado tú. Cada uno debe ser fiel a sus principios y la manera de conseguir sus propias metas y ponerse unos cascos para no escuchar el ruido de fondo.
Habrá personas que te hablen mal de tus compañeros, que serán las mismas que como les sigas la corriente, después hablaran mal de ti. Lo que te cuesta años de lealtad y sacrificios, puede destruirse en cinco minutos si atiendes a la persona equivocada y entras en su juego. Nadie te va a regalar nada, pero cualquiera con mala intención, sí que te lo puede quitar. No hagas valoraciones de otras personas en público y menos con personas que pertenezcan a esa misma categoría y empresa, porque nunca puedes saber si tu interlocutor está de tu parte o de la persona de la que estás hablando.
En definitiva, cada uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras, aprende de los que te quieran enseñar, sobre todo de sus actos, más que de sus palabras. Sé proactivo en tu trabajo, sin dejar a nadie en la cuneta, las cunetas son muy malas y a veces se vuelven contra ti. Reconoce los éxitos de los demás, no te atribuyas los éxitos de nadie. No vayas presumiendo de los tuyos, sin llegar a ser un primo. Cuando llegue el momento demuestra lo que vales, si no llega ese momento, provócalo. Sobre todo, asume que cuando tengas que rendir cuentas con tu conciencia, no tengas nada que echarte en cara.
Hoy voy a hablar de un libro que ha caído en mis manos y que me ha encantado, «La promesa del ángel» lo puedes encontrar nuevo o usado. Los autores son Violette Cabesos y Frédéric Lenoir. El argumento es el siguiente:
Una roca en la costa normanda azotada por las tempestades, un lugar de cultos primitivos celtas que fue santificado por los primeros cristianos; el Mont-Saint-Michel todavía no ha revelado todos sus secretos.
A principios del siglo XI, los constructores de catedrales erigieron en honor al arcángel san Miguel, guía de las almas al más allá, una gran abadía. Mil años más tarde, Johanna, una joven arqueóloga apasionada por la Edad Media y encargada de llevar a cabo excavaciones en la celebre abadía benedictina, se encuentra prisionera de un enigma en el que pasado y presente se unen de forma extraña.
Muertes rituales, secretos milenarios, amores prohibidos del pasado que renacen impetuosos en el presente. La joven arqueóloga debe recorrer un camino de vuelta al ayer, que la sitúa ante una historia que ha perdurado en el tiempo esperando su desenlace final, mientras una voz en sus sueños le repite: «Hay que cavar en la tierra para acceder al cielo».
Os aseguro que os va a dar unos ratos muy buenos con su lectura.
Leed, leed malditos, que el conocimiento está en los libros.



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