Somos muy dados a enfrentarnos por cualquier cosa. Como ya he mencionado en alguna ocasión, parece que nos gusta discutir y, muchas veces, con tal de arrimar el ascua a nuestra sardina, omitimos deliberadamente parte de la historia real en la que basamos nuestro argumento. Reconocer que otro tiene razón en algo que nosotros no hemos defendido nos cuesta mucho; vamos, que no somos capaces de hacerlo muy a menudo. Somos más de cambiar de conversación, de esgrimir excusas que no tienen nada que ver con el tema y de terminar conversaciones con inventos tan infantiles que a veces dan ganas de reír.
La polémica entraña cierto grado de violencia en la defensa de su posición y, por lo general, suele dirigirse a temas controvertidos. A los que se dedican a escribir polémicas o que hablan polémicamente se les llama polemistas. La palabra se deriva del griego antiguo πολεμικός (polemikos): «belicoso, hostil», y a su vez de πόλεμος (polemos): «guerra». Algunos famosos polemistas fueron Voltaire, León Tolstói o Friedrich Engels.
Las discusiones, siempre que se den desde el respeto, pueden contribuir a solucionar problemas que, sin un opositor que muestre diversas alternativas, no tendrían una solución válida. Pero eso sí, tiene que imperar el respeto y, sobre todo, el sentido común. Hay que alejarse de posiciones necias y arrogantes, basadas en ideas estáticas que no contribuyen al diálogo y solo persiguen el lucimiento del que las defiende.
Ahora estoy un poco desfasado, pero siempre ha habido movimientos que surgían creando polémica, como el movimiento hippie o el movimiento punk. La juventud reivindica su lugar en la sociedad cambiando la forma de relacionarse, vistiendo de forma irreverente o simplemente distinta. Yo no entiendo a los chavales que, en pleno invierno, se calzan unas chanclas con calcetines; para mí, queda feo, es absurdo y no comprendo esa nueva moda, pero quizás eso es lo que buscan: llamar la atención.
Creando polémica es como algunos buscan su sitio en la sociedad, y no solo los jóvenes. Tengo amigos que, frente a un cuadro de arte, muestran su absoluta falta de interés y piensan que son una tomadura de pelo. Estilos como el cubismo de Picasso parecen pinturas hechas con cuatro brochazos, pero su belleza y su originalidad crearon polémica en su momento y hoy en día lo siguen haciendo. Pero ahora nadie discute el genio de Picasso, la abstracción lírica de Vasili Kandinsky o el surrealismo de Salvador Dalí.
La polémica se extiende a casi todos los sectores de la sociedad, no solo a los jóvenes y al arte. En la política, el deporte, la enseñanza o la industria también surgen movimientos que no se ajustan a los cánones de lo que entendemos por normalidad y que buscan realizar cambios en la forma de evolucionar de estos sectores, creando polémica y haciendo que parte de la sociedad asuma una forma distinta de ver esos ámbitos en particular. No por eso la sociedad va a la deriva, ni el futuro va a ser peor que el pasado; solo va a ser distinto, como es distinto nuestro presente de la sociedad de hace doscientos años. Indudablemente habrá cosas peores, pero también otras mejorarán. Hay que abrir la mente y dar una oportunidad a los que ven el futuro de otra manera; la evolución es así, necesita cambiar y seguir adelante.
Ahora os voy a hablar de una novela que a mí me gusto mucho y que disfruté cada página. "La mula" de Juan Eslava Galán es una novela que combina la dureza de la guerra con toques de humor y ternura, ofreciendo una perspectiva única sobre la Guerra Civil Española.
La historia se centra en Juan Castro Pérez, un soldado republicano que, durante la guerra, se encuentra una mula en el campo de batalla. La mula, a la que bautiza como Valentina, se convierte en su compañera inseparable a lo largo del conflicto. A través de sus aventuras y desventuras, la novela nos ofrece una visión humana y a menudo irónica de la guerra.
Juan Castro es un personaje entrañable, presentado con una mezcla de ingenuidad y determinación. Su relación con Valentina aporta un toque de ternura y humanidad en medio del horror de la guerra. Los personajes secundarios también están bien construidos y añaden profundidad a la narrativa, mostrando las diferentes facetas del conflicto y sus efectos en las personas.
Eslava Galán utiliza un estilo narrativo ágil y accesible, salpicado de humor y descripciones vívidas. La prosa es fluida y mantiene al lector enganchado, con un equilibrio entre la acción y las reflexiones del protagonista. El autor maneja con destreza los cambios de tono, pasando de momentos de tensión a situaciones cómicas con naturalidad.
"La mula" aborda temas como la supervivencia, la amistad, la lealtad y la absurda realidad de la guerra. A través de la relación entre Juan y Valentina, Eslava Galán nos invita a reflexionar sobre la naturaleza humana y la capacidad de encontrar momentos de belleza y bondad incluso en los tiempos más oscuros.
En resumen, "La mula" es una novela conmovedora y entretenida que ofrece una visión distinta de la Guerra Civil Española. Juan Eslava Galán logra equilibrar el drama y el humor de manera brillante, creando una obra que deja una impresión duradera en sus lectores.
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