La semana pasada, cuando hablaba de la buena fe, decía que siempre esperamos que las personas obren de buena fe cuando se relacionan o cuando desarrollan una profesión o son designadas para desempeñar un cargo. La buena fe y la mala fe son conceptos fundamentales en nuestras relaciones personales y profesionales. La buena fe implica actuar con honestidad, transparencia y respeto hacia los demás. Es la base de la confianza y la cooperación en cualquier relación. Cuando actuamos de buena fe, esperamos que los demás hagan lo mismo, lo que crea un ambiente de respeto mutuo y colaboración.
Por otro lado, la mala fe se refiere a actuar con engaño, deshonestidad o con la intención de perjudicar a otros para obtener un beneficio personal. Este tipo de comportamiento puede tener consecuencias negativas tanto para la persona que lo practica como para aquellos que son afectados por sus acciones. La envidia y la falta de escrúpulos pueden llevar a algunos a actuar de manera desleal, poniendo zancadillas a colegas o amigos para conseguir un determinado fin. Lo que yo pienso es que nunca esperas que alguien con quien te relacionas obre de mala fe en su relación contigo o con el desempeño de sus funciones laborales.
No existe honestidad cuando las personas no reparan en poner zancadillas a sus colegas o amigos para conseguir un determinado fin. Sin embargo, por salud mental los métodos para lograrlo deben ser éticos y justos. Trabajar duro y mejorar nuestras habilidades y conocimientos son formas legítimas de avanzar. La envidia es un mal sentimiento que saca los peores instintos de muchas personas. Es legítimo el afán de superación y aspirar a una mejor posición en la vida; lo que no es legítimo es la forma de conseguirlo en algunas ocasiones.
Es verdad que muchas veces el trabajar duro o incrementar tu preparación no es suficiente; se necesita que alguien pueda apreciar lo que haces y, para eso, se tienen que fijar en ti, y eso no siempre sucede. Muchas veces tenemos que buscar la forma de que alguien vea nuestra progresión, pero ¿vosotros pensáis que es legítimo hacer que se fijen en nosotros a costa de exponer a algún compañero o amigo ante nuestros superiores con «mala fe»?
Exponer a un compañero o amigo ante los superiores con mala fe no es una práctica justa ni ética. Este tipo de comportamiento va a generar resentimiento y desconfianza en el ambiente laboral. Además, puede tener consecuencias a largo plazo, ya que es probable que en algún momento experimentemos el mismo trato desleal que hemos infligido a otros.
Escalar en nuestra sociedad o en nuestro trabajo a costa de dejar amigos o compañeros por el camino suele hacer que nuestra conciencia algún día nos pase la factura. Cuando alguien con tan pocos escrúpulos como nosotros emplee los mismos métodos para superarnos, sentiremos el dolor que nosotros hemos provocado en otras ocasiones y no cabe duda de que «quien a hierro mata, a hierro muere».
La conciencia y la integridad son valores fundamentales que deben guiar nuestras acciones. Actuar con mala fe puede traer beneficios temporales, pero a la larga, puede generar resentimiento y desconfianza. Además, como he mencionado, es probable que en algún momento experimentemos el mismo trato desleal que hemos infligido a otros.
Es importante reflexionar sobre nuestras acciones y considerar el impacto que tienen en los demás. La verdadera superación se logra a través del esfuerzo, la dedicación y el respeto hacia los demás.
LIBRO DE LA SEMANA
La novela aborda temas como la búsqueda del conocimiento perdido, la conexión entre civilizaciones antiguas y modernas, y la trascendencia del saber humano. Sierra plantea preguntas sobre el poder de la información y las verdades ocultas en la historia, invitando al lector a cuestionar narrativas oficiales.
Los protagonistas están hábilmente desarrollados, representando tanto al buscador incansable de la verdad como a los guardianes de secretos milenarios. Sus interacciones no solo avanzan la trama, sino que también ofrecen un reflejo de dilemas éticos y personales relacionados con el descubrimiento de verdades incómodas.
La trama está diseñada de manera no lineal, alternando entre el pasado y el presente para establecer paralelismos históricos que enriquecen la narrativa. Esto mantiene al lector intrigado mientras desvela las pistas cuidadosamente distribuidas a lo largo de la obra.
El estilo de Sierra es elegante y accesible, con descripciones detalladas que transportan al lector a lugares y épocas distintas. Su prosa está impregnada de un tono didáctico que equilibra la narrativa con la información histórica y científica.
Algunos lectores podrían argumentar que el énfasis en teorías conspirativas puede parecer especulativo en ciertos momentos, lo que podría restar credibilidad a las bases históricas de la novela. Sin embargo, esto también es parte del encanto de la obra, pues reta al lector a discernir entre lo real y lo ficticio.
"El plan maestro" es una obra que no solo entretiene, sino que también educa e incita a la curiosidad intelectual. Javier Sierra demuestra una vez más su maestría al combinar la historia con la ficción, invitando al lector a explorar los misterios del pasado y su impacto en el presente. Es una lectura ideal para quienes disfrutan del suspense, la historia y las grandes preguntas sobre el conocimiento humano.




Querido amigo Guillermo, qué razón llevas, como en todo o casi todo, para no ser exagerado, lo que dices. Me gusta la reflexión Buena o Mala Fe. Conozco tu trayectoria profesional y no me cabe duda de que alguna vez te has encontrado ejemplos de ambas. Yo también, después de tiempo y de peinar alguna cana. Decidí que la mejor alternativa para sobreponerse o aceptar esta condición humana es la honestidad, y lo más importante, la autohonestidad, reconocer el defecto propio, los errores que todos cometemos en alguna ocasión, incluso con buena fe. Como un recurso y ayuda para el “perdón” de esa condición en la que caen compañeros con afán de crecer más rápido, conseguir lo que desean por encima de los demás, sin empatía. En casos más extremos los llamamos psicópatas o antisociales. Ellos no sufren, los demás sí. Conozco a TGral Eduardo Martínez Viqueira, Doctor en historia y MAPER de la GC. Al que admiro y leo. Propone tres supravalores para el cuerpo: Honor, Honestidad e integridad. Creo que con estar virtudes podríamos asumir la Buena Fe y también los fallos que pueden existir en la Mala Fe, entre los compañeros que poseen estas virtudes. Recursos que se mejoran con el tiempo y la experiencia. Con una visión utópica de ser “buena persona”. Gracias Amigo.
ResponderEliminarPerdón se me olvidó decirte quién soy. Eduardo Samper. !Para Servir!
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