martes, 21 de octubre de 2025

JURA SIN HONRA

Hay días en que las noticias provocan nuestra más profunda indignación, sobre todo cuando hemos dedicado toda una vida a un determinado sector y, después de jubilarnos, descubrimos que quienes siguen nuestra estela desacreditan el trabajo de muchas personas durante mucho tiempo. Es cierto que equivocarse y rectificar es de sabios, pero lo que resulta insoportable es cuando el fracaso o el retroceso se produce por pura desidia o vagancia, por esa falta de iniciativa y la creencia de que las cosas se arreglarán solas o que, si se comete un error, tarde o temprano todo se olvidará.

Esta actitud de apatía no solo supone una falta de respeto hacia la dedicación de quienes nos precedieron, sino que tiene consecuencias tangibles: merma la productividad, socava la moral colectiva y pone en riesgo la calidad forjada con esfuerzo. La desmotivación y la pereza se convierten en un cáncer que pudre los cimientos de cualquier obra, grande o pequeña, construida con tanto esmero.

Las cosas evolucionan, y el progreso es inevitable; se adoptan nuevas maneras de hacer, y aunque puede que no nos resulten familiares o cómodas, si ganamos en eficacia y eficiencia, debemos adaptarnos a ellas. La innovación es necesaria para avanzar. Sin embargo, el verdadero conflicto se presenta cuando lo que se pretende cambiar son las tradiciones fundamentales y los valores intrínsecos de un oficio o disciplina. Y las tradiciones, en su esencia, no se cambian.

No se cambian porque al hacerlo faltamos al respeto a quienes han dedicado incontables años a conservarlas y enriquecerlas. Y no, no son meros "asuntos de viejos"; esas tradiciones, lejos de ser un lastre, son el vehículo primordial que enseña a las nuevas generaciones la importancia, el rigor y el verdadero valor de las cosas, actuando como el hilo conductor de la identidad y la ética en el sector. Son la memoria colectiva que garantiza que el esfuerzo pasado no sea en vano, sino el cimiento firme para el futuro. El equilibrio radica en saber diferenciar el avance necesario de la renuncia perezosa al valioso patrimonio de la experiencia.


Alguna vez os he narrado que soy militar retirado, un hecho que hoy resurge, pues hace unos días fui testigo de un suceso que, para mí, ha supuesto una auténtica ofensa.

Para un Suboficial, el día de mayor trascendencia es aquel en el que por primera vez besa el paño sagrado de la Bandera de España en su Academia. Esa jornada debería estar envuelta en la más pura tradición, rodeada del respeto que merece el solemne compromiso que se está a punto de asumir «A España Servir Hasta Morir» y henchida de ese íntimo sentimiento de la responsabilidad ineludible que pronto recaerá sobre sus hombros.

Sin embargo, en la reciente ceremonia a la que hacía alusión, ese día de juramento se ha transformado en un total desprecio hacia tales tradiciones. Los herederos de mi escala han jurado Bandera y han sellado su compromiso besándola por primera vez ataviados con el uniforme de faena. Para que se me entienda bien, es tan indecoroso como asistir a una ceremonia de graduación para recibir el título vestido con bata y zapatillas de felpa.

La excusa esgrimida, que no habían llegado la totalidad de los uniformes de gala, resulta irrisoria. Si el atuendo de honor no está disponible, el acto se pospone. Lo que jamás debe hacerse es ultrajar de este modo la esencia de la ceremonia, ofendiendo no solo a los futuros Suboficiales, sino también a todos aquellos que lo fuimos con honor durante tantos años.

10 comentarios:

  1. Completamente de acuerdo!!!!!

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  2. Estoy totalmente de acuerdo en todo lo que dices. Qué hubieran hecho si eso mismo ocurre en Zaragoza???
    Aunque estoy seguro que en la AGM no se quedan sin uniformes. Antes desfilan los Suboficiales (sí, con mayúsculas) en chandal y les dan los uniformes a los cadetes. Falta grave de previsión, que seguro no tendrá consecuencias.
    Los tiempos cambian….. pero algunas cosas, no.

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    1. Efectivamente, los tiempos no han cambiado.

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    2. Que manía de comparar unos con otros, si no hay uniforme no sé Jura y punto, los demás que hagan lo que quieran.

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  3. Mi General, no tenemos suficientes uniformes para la Jura de Bandera R. Pues que lo hagan de faena. A sus órdenes mi General.

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  4. No hay que darle más vueltas al asunto.

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  5. Totalmente de acuerdo, antes había más alumnos en la AGBS y no pasaban estas cosas. Falta de previsión y desidia. Culpable el ministerio, culpable el JEME, el GEMADOC, el DIREN el GEMALE, etc. Pero les da igual. Se han perdido los principios y los valores en toda la sociedad, pero que pase en las FAS es muy preocupante.

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  6. Me imagino que el Suboficial Mayor de la Academia habrá presentado su renuncia, ¿no?.

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  7. Con 18 años, 1978, jure bandera como soldado, con el uniforme más distinguido que entonces tenía un soldado. Era un momento especial y así se sentía por todos los que allí nos disponíamos a jurar bandera por nuestro país, militares circunstanciales, en cumplimiento del servicio militar. ¿Como puede perderse ni un suspiro de la liturgia que debe dar significado a tan importante acto, máxime cuando este momento es la puerta de entrada a toda una vida de servicio, de un colectivo, el de los suboficiales del ET? pilar fundamental del funcionamiento y eficacia de nuestros ejércitos. Lo más insoportable es que esto ocurra en la cuna de este cuerpo, donde las semillas de la tradición, los valores personales y militares, la transcendencia del servicio a España y los españoles, deben plantarse y cuidarse con el máximo esmero, como todos los que hemos pasado por alli sentíamos. Esperemos que esto sea un mal sueño…

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