Estamos rodeados de malas noticias, desgracias e injusticias, y esto nos está agotando. Es tan difícil de soportar que muchos hemos llegado al punto de «enterrar la cabeza como un avestruz»: nos aislamos y nos desconectamos para poder seguir adelante.
Esa sensación de estar entumecidos, de no poder sentir pena o reaccionar de verdad ante la constante avalancha de cosas malas, tiene un nombre: «cansancio por empatía».
No significa que seamos egoístas o insensibles; es una defensa natural de nuestra mente para no colapsar ante tanta carga emocional. Vivimos en un mundo donde la información (y el sufrimiento) llega sin parar, y eso, irónicamente, nos está haciendo menos sensibles al dolor global.
El problema principal está en que confundimos dos cosas:
- Empatía (Sentir el dolor): Es cuando sentimos el dolor del otro como si fuera nuestro. Esto nos agota y nos quema.
- Compasión (Querer ayudar): Es cuando reconocemos que alguien sufre y queremos hacer algo para aliviarlo. Esto nos motiva a actuar sin que nos cueste tanto a nivel emocional.
Como no podemos solucionar las tragedias que vemos a diario, nuestra mente se agota de sentir el dolor (empatía) y, para protegerse, levanta barreras. Parece que no queremos protestar o solucionar esos continuos problemas, o que nos mientan en la cara sin hacer nada, pero es que huimos de la sensación continua de dolor. El impacto y la manifestación de esta fatiga varían notablemente según la edad y el nivel cultural, por eso voy a desarrollarlo desde esos dos puntos de vista:
- Reaccionan Rápido, se Rinden Rápido: Al principio se indignan mucho (con hashtags), pero como no ven resultados rápidos, se sienten impotentes y se desconectan.
- Indiferencia Digital: Muchos desarrollan un cinismo o una indiferencia protectora, tratan el sufrimiento como un video más en su feed. Desarrollan cinismo o indiferencia para protegerse, alejándose de las emociones reales.
Llevan una doble carga: problemas personales (trabajo, familia, dinero) más las crisis globales. Sienten la obligación moral de preocuparse. Sus reacciones son:
- Agotamiento y Culpa: Se sienten culpables por estar tan agotados que no les queda energía para preocuparse por el mundo. El cansancio se convierte en irritabilidad y sensación de estar «al límite».
- Ponen Límites a la Fuerza: Intentan activamente dejar de ver noticias o silenciar grupos de Wasap para cuidar su mente. No quieren oír hablar de tanta desgracia.
- Ansiedad y Retiro: Pueden sentir que «el mundo va de mal en peor», lo que les provoca ansiedad física o que se aíslen para evitar el dolor.
- Su exposición, a menudo a través de medios de comunicación tradicionales (televisión, prensa), tiende a ser menos constante pero más intensa en momentos específicos, lo que puede provocar picos emocionales de tristeza o miedo, pero con menos riesgo de la «micro-saturación» constante de las redes.
Son conscientes de que existe el "cansancio por empatía". Su forma de gestionarlo es:
- Actuar en Vez de Sentir: Intentan transformar su angustia en acciones concretas y limitadas (donar, ser voluntarios) en vez de solo sentir el dolor (empatía).
- Filtran la Información: Analizan con calma las noticias, distinguen lo importante del sensacionalismo y limitan el tiempo que le dedican a informarse.
Son más vulnerables porque no entienden su mecanismo emocional.
- Reacciones Extremas: Sienten el dolor de forma muy intensa, pero no tienen herramientas para manejarlo o actuar.
- Negación o Polarización: Se defienden evitando por completo el tema, negando el problema o adoptando posturas extremas y simplificadas (polarización) para reducir la carga mental.
Para finalizar, el cansancio por empatía no es un defecto moral, sino la señal de que nuestra mente está saturada. Para sobrevivir a esta sobrecarga, necesitamos defendernos. Lo he dicho también muchas veces: cuando no puedas gestionar tus emociones, no busques en internet la solución, acude a un buen psicoterapeuta. Solo él sabrá cómo ayudarte después de escuchar tu caso concreto.
También, ayuda mucho dejar de sentir en nuestras carnes el sufrimiento de los que nos rodean; dejar de lado la empatía que nos agota (solo sentir) y pasar a una compasión activa y sostenible (querer ayudar).
Esto significa:
- Poner
límites claros a cuánto consumimos de noticias.
- Centrarnos
en lo que sí podemos controlar (ayudar en nuestro entorno, hacer
pequeñas acciones).
- Cuidarnos
a nosotros mismos para recargar nuestras pilas emocionales.
La madurez emocional está en informarse lo justo para
poder actuar, sin caer en la parálisis de la angustia.
LIBRO RECOMENDADO
La trama se inicia con el macabro descubrimiento de varios restos humanos en Salgueiro, una aldea abandonada en el Parque Natural do Xurés. El suceso desentierra un misterio que se remonta a muchos años atrás, en el que Fina Novoa, una periodista novata y un tanto inexperta, se convierte en la protagonista principal en su lucha por la verdad.
La novela se estructura en dos líneas temporales que se entrelazan de manera efectiva:
El presente: Con Fina investigando los nuevos hallazgos y enfrentándose a la corrupción, el poder de los especuladores inmobiliarios y la manipulación de los medios de comunicación.
El pasado (1963): Que narra los brutales asesinatos originales que parecen estar conectados con el presente.
Esta dualidad temporal no solo sostiene la intriga, sino que permite a Reboiras realizar una crítica social a la crudeza de la vida rural de antaño y, simultáneamente, a las miserias del poder y la avaricia contemporáneos.
La atmósfera es, sin duda, el mayor acierto. Reboiras logra una ambientación opresiva, salvaje y sombría que podría compararse con la película As Bestas, envolviendo el misterio en la cultura ancestral y las supersticiones gallegas. Describe el paisaje rural con un cariño palpable, pero sin eludir su oscuridad. La novela es ágil y constante, con capítulos que mantienen un ritmo narrativo excelente y enganchan al lector, haciéndola muy adictiva. Cada capítulo corresponde a un personaje y, de esta forma, estructura la historia de forma magistral. Aborda con audacia temas profundos como la crítica al género del crimen real (y el circo mediático que conlleva), el abuso de poder, la corrupción y la lucha de los marginados por la justicia.
Los personajes están creados a partir de una realidad tangible que los hace mostrarse tan reales que, cuando los descubres, piensas en alguien que conoces. Se asemejan a personas reales y cotidianas, con sus características, sus miedos y sus brillos y oscuridades.
En definitiva, es una novela negra que va más allá del crimen, ofreciendo una profunda inmersión en una Galicia rural y oscura, explorando la manipulación, las medias verdades y la incansable búsqueda de la justicia a través del tiempo. Es una lectura entretenida, adictiva y con ecos de reflexión sociopolítica. A mí me ha encantado y por eso la recomiendo; puede que no sea del gusto de todos, pero es una gran novela de un gran escritor que nos dará muchas más alegrías.





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