domingo, 15 de diciembre de 2024

HIPÓCRITAS

Cuando alguien comienza una conversación o una frase diciendo: «Si yo hubiese...» o «Si yo hubiera...» acompañado a continuación de una lección magistral sobre lo bien que él habría hecho, siento que tengo otro hipócrita delante de mí. Normalmente, este inicio de frase no se emplea para cosas baladíes; suele ser para cosas con importancia, cosas que de haberse hecho de otra manera hubiesen cambiado la vida o las circunstancias de muchas personas. Lo que está claro, es que la persona que inicia la conversación con esas palabras, ya conoce lo que pasó antes y después de que el suceso desatara todas sus consecuencias.

Ya he hablado alguna otra vez de lo famosa que se está haciendo la posverdad. Simplemente su definición: «Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales», comparada con la definición de hipocresía: «embustero, farsante, mentiroso, falsario, falso, impostor...» nos da una idea de la proximidad a la hipocresía de los que emplean la posverdad para justificar su actitud y su ego.

Me parece absurdo emplear el pretérito imperfecto de subjuntivo del verbo haber para decir que alguien, sin conocer lo que conoce después de suceder un hecho “x”, habría actuado de otra manera a como lo hizo alguien que cometió un error. Cada vez que alguien emplea estos términos para posicionarse por encima de otra persona o considerarse mejor, siento un rechazo absoluto hacia él o ella. Entre otras cosas porque es algo que nunca se podrá comprobar, el tiempo solo transcurre en una dirección, nadie vuelve a nacer, nadie puede ponerse en un momento del tiempo que ya ha sucedido. Afirmar que en ese momento y lugar se hubiese actuado de otra manera es una falacia vacía de verdad, ya que nunca se podrá comprobar. Pero hay personas que, cuando alguien se expresa en estos términos, se les cae la baba mirando y asienten con la cabeza, sin darse cuenta de que es como un truco de magia en el que el mago te entretiene moviendo una mano para hacer el truco con la otra.

Es importante aprender de los errores, aún a sabiendas que somos capaces de repetir nuestros errores varias veces hasta que aprendemos, son muy pocos los que tropiezan en una misma piedra una sola vez, a no ser que la piedra sea grande y el dolor dure. Nos falta humildad para reconocer que somos como los demás, ni mejores, ni peores, que cuando nos pinchan sangramos y cuando nos golpeamos nos duele, que tenemos despistes, que después de hacer algo cien veces descubrimos que lo estábamos haciendo mal. Que alguna vez en la vida hemos dicho eso de: «Los experimentos con gaseosa» para seguir haciendo una cosa de la misma forma que la hemos hecho siempre, porque nos da pereza cambiar.

Si queréis que la gente os aprecie, no digáis «Sí yo hubiese hecho esto, yo habría...». Hay que aprender a poneros en el lugar de los demás, puede que lleguéis a la misma conclusión, pero dando margen a la situación. Ayudar al que comete el error a enmendarlo y dar la oportunidad de que asuma sus errores y mejore como persona. Si después no aprende o no quiere hacerlo, no insistáis hay quién no quiere aprender o mejorar, pero no por eso hay que ponerles en público escarnio.

Ahora toca hablar de libros, y hoy no voy a hablar de mi última lectura, ni de algún libro que me ha dejado huella. Hoy os hago una pregunta ¿Cómo elegís vuestro siguiente libro? ¿Dejáis que la portada os llame la atención? ¿Buscáis un tema concreto? ¿Tenéis un escritor favorito? Yo os cuento la mía. En primer lugar hay escritores que siempre me han gustado y con ellos lo tengo fácil, aunque a veces me han dado algún disgusto, pero enseguida les he perdonado. El título es lo primero que me llama la atención, pero fundamentalmente leo la contraportada en busca de una historia que me atraiga. Me gusta la aventura, la novela histórica, aunque también depende de mi estado de ánimo para elegir mi siguiente lectura. Sobre todo quiero algo que me entretenga y me divierta, para mí es muy importante leer y dejarme llevar y traer por ese mundo que el autor crea para mí. Me gusta leer con calma, deteniéndome en las frases que para mí tienen algún significado, a veces incluso las escribo para recordarlas. Mi lectura comienza unas veces antes de ponerme a escribir, y otras después de hacerlo.

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