Si hay una expresión que me molesta hasta el límite de lo racional, es cuando alguien que no me conoce de nada, entabla conversación dirigiéndose a mí con una expresión que incluya el termino «CAMPEÓN». Últimamente hay cierta costumbre, por la que alguien se dirige a los demás con este tipo de expresiones. Como al entrar en una cafetería y el camarero se dirige a ti diciendo «Qué quieres campeón». Ese es el momento en el que antes intentaba demostrar mi educación ignorando el apelativo, pero ahora, muchas veces opto por darme la vuelta y salir por donde he entrado.

Estoy
seguro de que no lo hace con mala intención y que, con su expresión, quizás
quiera demostrarme su confianza. Yo no necesito un "Ave María" ni un
saludo formal de antaño. Apreciaría mucho más un equidistante "Buenos
días, ¿qué le apetece tomar?", a secas, sin florituras, sin necesidad de
que la conversación se extienda más allá de lo necesario. Si yo quiero
confesarle al camarero un secreto inconfesable, ya daré yo el primer paso.
Otra cosa que me trae de cabeza, es como poco a poco la lengua española sufre a diario una tortura digna de un interrogatorio
de unos agentes malvados. No me refiero a la evolución que sufre cualquier
lengua, me refiero a la dejadez de llamar a las cosas por su nombre utilizando definiciones que no son;
me refiero a los «malditos» anglicismos y a intentar parecer más educado o más erudito cayendo en el chabacano empleo de palabras mal usadas; a ese intento
de parecer más interesante por usar una palabra que la gente conoce poco, pero
que lamentablemente el que la usa, tampoco conoce.
En
la novela que tengo pendiente de publicar, hay una conversación de uno de los
protagonistas con su hija en la que dice:
—El
otro día mi hija me dijo que no hablaba con una persona random, porque luego se
hypea y si no la convence, después se desilusiona too much. Le di veinte euros
y se fue. No sé a dónde iba ni con quién, pero no me atreví a preguntarle.
Y
es que no somos conscientes de una de nuestras grandes herencias: un idioma que
hablan casi seiscientos millones de personas en el mundo, ya sea como lengua
nativa, segunda o extranjera. Es la lengua materna de casi quinientos millones
de personas en el año 2023 (el 6,2% de la población mundial). Es la cuarta
lengua más hablada en el mundo, por detrás del inglés, chino e hindi. Hay quién a pronosticado que en el año 2050, el castellano será la lengua más hablada en los Estados Unidos.
Buscamos
palabras inglesas para sustituir a verdaderas maravillas de nuestro lenguaje,
como por ejemplo las «fake news», palabra de difícil pronunciación en
detrimento de la maravillosa palabra española «paparrucha» o simplemente «bulo», y así podríamos
rellenar varias páginas.
En las redes «asociales» la
ausencia de acentos y signos de puntuación hace imposible saber el verdadero significado de una frase;
el uso de la «k» en lugar de la «c»; el empleo de «haber» en lugar de «a ver».
No quiero entrar en las haches, las bes y las uves, porque me deprimo. El lenguaje sufre la falta de tiempo, el recorte de caracteres para expresar nuestras ideas en mensajes cortos que al final no se entienden o se mal interpretan.
En
fin, si estás leyendo este «blog» (vaya, se podría llamar de otra manera)
intenta salvar nuestra lengua y busca las palabras que nos definen como uno de
los idiomas más hablados del mundo. Y por favor, si alguna vez nos encontramos,
no me llames campeón, yo no soy de los que ganan.
Hoy os voy a hablar del último libro que he leído, se trata de «Me piden que regrese» de Andrés Trapiello. Es una novela que destaca por su profunda exploración de la memoria y el paso del tiempo. Trapiello, conocido por su estilo literario lírico y reflexivo, nos sumerge en la vida de su protagonista, un hombre que se enfrenta a su pasado y las decisiones que lo han llevado a su presente. La narrativa se desarrolla de manera introspectiva, con un lenguaje poético que invita al lector a detenerse y reflexionar sobre cada frase. El autor logra capturar la complejidad de los sentimientos humanos, especialmente aquellos relacionados con la nostalgia y el arrepentimiento.
Una de las mayores fortalezas de la novela es su capacidad para crear una atmósfera envolvente. Trapiello utiliza descripciones detalladas y ricas en imágenes para trasladar al lector a los lugares y momentos que han marcado la vida del protagonista. Este enfoque no solo permite una conexión emocional más profunda con el personaje principal, sino que también enriquece la experiencia de lectura.
Sin embargo, este estilo tan detallado puede ser un arma de doble filo. Para algunos lectores, la abundancia de reflexiones y descripciones puede resultar lenta o incluso tediosa en ciertos momentos. No obstante, para aquellos que disfrutan de una prosa cuidada y una trama que se desarrolla con paciencia, «Me piden que regrese» ofrece una experiencia literaria gratificante y enriquecedora.
En resumen, Andrés Trapiello nos brinda una obra que, más allá de contar una historia, nos invita a una profunda meditación sobre el tiempo, la memoria y los caminos que elegimos en la vida. Es una lectura recomendada para quienes aprecian la literatura que combina una narrativa lírica con una reflexión filosófica.
Muy bueno, my friend, muy cool.
ResponderEliminarMuy bueno campeón
ResponderEliminarSabía que iba a pasar... Ja, ja, ja
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